domingo, 16 de octubre de 2011

PARAPSICOLOGIA, la otra ciencia

Curanderos

Empezaré con una vidente y curandera que me llamó mucho la atención hace muchos años. No es muy conocida, excepto en el círculo más cientifico y excéptico.

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Pasqualina Pezzola en "El Viaje"
Se llamaba Pasqualina Pezzola. Nacida en italia estaba dotada para percibir hechos, situaciones y enfermedades a distancia. Realizar premoniciones y diagnósticos médicos muy precisos. Llegando a ser consultada por personalidades de la época. Durante sus 97 años de vida dió muestras suficientes de sus extraordinarios dones. Era capaz de "transportarse" al lugar donde se encontrara el paciente, describir la habitación del hospital, la cama del enfermo y sus acompañantes. "Escuchando su cuerpo" no solo confirmó diagnósticos médicos tradicionales, también descubrio otros dolencias que para la medicina habían pasado desapercibidas.

Os contaré una historia de un profesor de Bolonia, biólogo de la Universidad, cuya madre fue hospitalizada en una clínica de Padua:
Se dirigió a ella:  “Pasqualina, por favor, este es el retrato de mi madre, dígame algo". Ella tomó la foto en la mano, cerró los ojos y comenzó a mecerse, hizo lo que ella llama "El viaje". Después de varios minutos comenzó a describir la clínica y los pasillos:  "la primera sala no, la segunda tampoco, está en la tercera sala. Hay dos camas, en la de al lado de la ventana está su madre" y luego habla como si estuviera presente junto a la madre en la clínica: "Señora, me permite mantener mi oído sobre su estómago, su hígado, su corazón?". Y así lo hizo. Luego salió de la habitación, desandando el camino, y cuando llegó le dijo: ". Estimado profesor, siento decirlo, pero su madre no llegará a la Navidad"
El profesor entonces dijo: "me han asegurado que la enviarán a casa para Navidad."
Ella murió la noche antes de Navidad.



Telequinesis (capacidad de interactuar y mover objetos a distancia)

Nina Kulagina, (30 de julio de 1926; 1990). Esta extraordinaria mujer rusa poseía una enorme capacidad psiquica sobre todo en telequinesis.  Las autoridades soviéticas, durante los útimos viente años de su vida, realizaron multitud de experimentos controlados que demostraron la increíble capacidad de Nina para mover objetos a distancia.


Nina decía que para poder manifestar ese «poder» requería un periodo de meditación para despejar su mente de todo pensamiento. En este largo tiempo de preparación, algunos vieron potencial para que todo fuese un engaño. Una vez que había obtenido la concentración requerida, frecuentemente se quejaba de un fuerte dolor en su espina dorsal y de vista borrosa.
Uno de los experimentos más celebrados de Nina tuvo lugar en el laboratorio de Leningrado, el 10 de marzo de 1970. Habiendo estudiado primero la habilidad de mover objetos inanimados, los científicos tenían curiosidad de ver si las habilidades de Nina podían ser utilizadas en las células, los tejidos y los órganos. Sergeyev junto con otros científicos presenciaron cuando Nina intentó utilizar su energía para detener el latido del corazón de una rana. Ella se concentró intensamente en el corazón de la rana y aparentemente le hizo latir más rápido, luego muy lentamente, y utilizando en extremo sus habilidades, lo detuvo.
Después se repitió el experimento con un voluntario humano, bajo situación muy controlada; al poco de comenzar, el corazón del voluntario empezó a latir irregularmente y casi llegó al infarto, pero antes de eso se paró completamente el experimento.
A finales de la década de los 70, un ataque cardíaco casi fatal obligó a Nina a disminuir sus actividades. Según el informe producido por el Dr. Zverev, su latido cardíaco era irregular, tenía alta presión sanguínea y presentaba su sistema endocrino alterado. Después de eso sufrió de constantes dolores en sus brazos y piernas, falta de coordinación y vértigos. Aparentemente, estos síntomas fueron el resultado del uso constante de sus actividades paranormales, y limitó su uso de la telequinesis solo bajo situaciones controladas.     (Wikipedia)


Quiénes hemos tenido la oportunidad de ver las imágenes del documental realizado en 1967 a la psíquica rusa Nina Kulagina no podemos disimular nuestro asombro. Bajo la atenta vigilancia de físicos, médicos y periodistas, Kulagina -con su cabeza llena de electrodos para controlar las ondas cerebrales- fue capaz de realizar increibles fenómenos PK tras unos minutos de concentración. Desde mover y levitar objetos introducidos en una campana de cristal, hasta hacer girar a gran velocidad la aguja de una brújula, provocar quemazón en el cuello de un voluntario o interrumpir los latidos de corazón de una rana. Sus aciertos ESP también fueron sorprendentes. Tras las agotadoras pruebas, a las que siempre se sometió sin oponerse lo más mínimo, su fatiga era bien palpable. Su corazón alcanzaba nada menos que 240 pulsaciones por minuto y llegaba a perder hasta dos kilos de peso por sesión, además de apreciarse cambios en el campo electrostático cercano a su cuerpo. Mantuvo sus facultades psi hasta su muerte, acaecida en abril de 1990. Sin la menor duda, Nina Kulagina ha sido la sensitiva más estudiada de todos los tiempos (por 40 científicos, entre ellos dos premios Nobel) y la que ha obtenido mejores resultados.


Por la extensión y complejidad de los temas a tratar, dejo para mas adelante otros fenómenos no menos interesantes. Espero que disfrutéis con su lectura y esto os haga pensar en la capacidad de nuestro cerebro. 

sábado, 15 de octubre de 2011

UN DISPARO EN EL CORAZÓN

Un día jugando a vivir, el tambor del revolver giró con una bala de ilusión en su interior.
Lentamente el dedo de la vida o la muerte, cuando el destino se paró, presionó el futuro.
Esperó que su cerebro sintiera aquello desconocido pero  nada sucedió. Un juego placentero, un instante, un tremendo subidón, que como vino desapareció.

Jugando a vivir lo intentó de nuevo. Encima de la mesa, balas con distintos deseos esperaban su turno. Escogió una marcada como “prohibida”. Empujó el tambor, la introdujo lentamente, cerró y giró. La ruleta del destino se detuvo. Igual que antes, su dedo tembloroso escribió en el gatillo un deseo.
Pudo oír como el percutor hacía clic, después, nada. Todo negro. Milésimas de segundo después un calor intenso recorría el río de la vida. Su corazón se hizo más grande para soportar el sunami de sensaciones, todo su cuerpo se estremeció.  Como un terremoto el temblor sacudió cada parte de su ser.  Abrió los ojos y nada había cambiado. Seguía vivo, con un disparo en el corazón.

Atravesado su destino por un disparo de amor, una bala prohibida recorría cada rincón y la luz de la pasión le quemaba los labios con el elixir de su piel.  Desde entonces utiliza otro “revolver”, tiene nombre y cada día se dispara la bala prohibida que como una droga tiñe de sentimientos y amor su vida.

Gira el tambor y el click del percutor suena a guitarras, a voz cálida que susurra sentimientos, a suaves caricias, a sexo compartido, a vida. Ahora usamos el mismo ....REVOLVER para jugar a vivir.



jueves, 13 de octubre de 2011

UN DIA DE AGOSTO...

Se levantó temprano como siempre, durante los últimos días había estado deseando que llegara aquel momento. Se le había hecho eterno. Eran muchos meses pensando en ello y, a pesar de todo, todavía no estaba seguro de que fuese cierto. Pensó en su aspecto, en los detalles, cualquier detalle. Cuidó cada parte de su cuerpo para ella. Era un cita visualizada muchas veces.

Llegó pronto a la estación, tomo café y se sentó a leer el periódico mientras miraba los paneles con impaciencia. Su corazón le transmitía sensaciones únicas, esperaba como quien espera a alguien muy querido al que hace mucho tiempo que no ve. Como si fueran a hacerle el mejor regalo de su vida. No esperaba a un extraño. Esperaba un sueño hecho realidad.

El panel de llegadas marcó un retraso inesperado y esto empezó a impacientarle aún más. Tendrían menos tiempo. Al fin empezaron a salir los viajeros y sus ojos buscaron su figura. No tardó en verla aparecer. Inconfundible. Esperó en la puerta a que se acercara. ¿Cual sería su reacción?. Se dejó llevar y le abrazó igual que si la conociera hace años. Suspiró aliviado y contento y beso su cabello. Fue tan emocionante y placentero como esperaba, pero distinto. La quería en su imaginación y aquello confirmó lo que ya sentía. La hubiera comido a besos allí mismo, tanto la deseaba... pero había poco tiempo.

Deprisa, apresurados, mientras caminaban, sus manos unas veces unidas, otras separadas, el cruce de sus miradas, transmitían sensaciones juveniles olvidadas. Flotaba en una nube. No podía apartar sus ojos de ella. Le miraba cuando andaba, cuando hablaba, cuando sonreía y, curiosamente, no vino a su mente ni un solo momento anterior. Era todo nuevo, todo perfecto.

Una semana atrás había preparado lo que ella llamaba plan B. Considerado la parte más delicada, tenía que ser algo distinto. Buscó en Internet. Conocía muchos buenos hoteles, pero le pareció demasiado clásico, recorrió moteles, pensiones, habitaciones por horas... Confió en que su instinto le guiaría. Cuando encontró el lugar no tuvo dudas. Hizo la reserva no sin antes visitarlo y asegurarse de que era adecuado. Seguro que le gustaría: limpio discreto, distinto.

Antes comieron algo, aunque sinceramente el no tenía nada de hambre. Fue un momento de cortesía. Se lo hubiera saltado con gusto, pero había prometido tratarla como a una princesa, que se sintiera cómoda y segura. A él no le preocupaba nada la comida. Solo ella, únicamente ella. Buscó un lugar cercano al plan B y solos en el salón pidieron algo ligero. Allí fue el primer beso, se sentía como un principiante y a la vez un veterano -tiempo después le costaría recordar este momento: el beso, su sabor, el lugar. Aunque ahora si, ahora lo ha sentido de nuevo-.

Después de amarse, perder el sentido del tiempo, por primera vez solos, felices, juntos en cuerpo y alma, sin preguntas, se ducharon, se vistieron y tan naturalmente como llegaron, dejaron la llave en el mostrador y comenzó la parte más dura: la despedida. Vio como se alejaba y esperó a que desapareciera.

Él se fue al parque, se sentó y esperó su llamada. Mientras disfrutó recordando cada segundo de aquel inolvidable día. Cuando leyó su mensaje fue el hombre más feliz del mundo y prometió en su interior darle todo el amor que se merecía. Volverían a verse, seguro.

Regresaron a sus respectivos mundos vestidos con algo nuevo, con algo distinto: cada uno con la piel del otro.

Un maravilloso día de Agosto...

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